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Rumbo a Silleda en busca de mi casa de madera

Desde mi piso en Vigo, con el asfalto devolviendo el calor de esta tarde de julio, llevo semanas dándole vueltas a la misma idea. Es un pensamiento que ha echado raíces y que crece cada día con más fuerza: quiero vivir en una casa de madera. No es un capricho pasajero. Es el anhelo de un estilo de vida diferente, más conectado con la naturaleza, más sostenible y, en definitiva, más acorde con el paisaje gallego que tanto quiero. Y cuando uno se pone a investigar en serio sobre construcción en madera en Galicia, todos los caminos, tarde o temprano, acaban llevando a un mismo lugar: Silleda.

Así que esta mañana, he decidido pasar de la teoría a la práctica. He cogido el coche y he puesto rumbo al interior, en una especie de peregrinaje hacia el epicentro de mi proyecto. El viaje en sí ya es una terapia, una transición. Dejar atrás el bullicio de la ciudad y el azul de la ría para ver cómo, kilómetro a kilómetro, el verde se vuelve el protagonista absoluto. Las colinas, los bosques de robles y el paisaje ondulado del corazón de Pontevedra te preparan mentalmente para lo que vas a buscar.

Mi objetivo era visitar algunas de las empresas de fabricación de casas de madera Silleda. Silleda tiene una reputación bien ganada como polo de la industria de la madera, y no tarda uno en darse cuenta de por qué. Al llegar al primer recinto, el olor a pino y abeto lo inunda todo. Es un aroma limpio, a naturaleza y a trabajo bien hecho. Poder caminar dentro de varias casas piloto, tocar la textura de las paredes, sentir la calidez del material bajo el sol y ver los distintos acabados es una experiencia que ninguna web o catálogo puede igualar.

He pasado un par de horas hablando con un fabricante. Más que una conversación de ventas, ha sido una clase magistral. Hemos hablado de grosores de pared, de la importancia de la madera nórdica certificada para resistir la humedad gallega, de aislamientos, de eficiencia energética y de cómo un diseño inteligente puede aprovechar al máximo la luz natural. De repente, mi sueño tenía planos, texturas y hasta un presupuesto aproximado. Dejaba de ser una fantasía para convertirse en un proyecto tangible y real.

El camino de vuelta a Vigo ha sido diferente. Ya no conducía un soñador, sino un futuro propietario con la cabeza llena de ideas. Aún no he firmado nada, pero mientras veo las luces del puerto aparecer de nuevo, sé que he encontrado el lugar y los artesanos que convertirán esa idea fija en mi futuro refugio. El primer paso, el más importante, ya está dado.

Publicado en Casas de madera