Diciembre ha despojado a Sanxenxo de su bullicio estival. Las playas, ahora barridas por el viento frío del Atlántico, están vacías, y el paseo marítimo del Silgar ya no resuena con los pasos de los turistas. Sin embargo, en la zona del puerto, la actividad es frenética. Se acerca la Nochebuena, y en Galicia, eso significa que la cena más importante del año exige un producto a la altura. Para muchos, esa exigencia tiene un nombre claro: nécoras.
Un comprador se mueve con determinación por las calles cercanas al puerto. Su misión es específica y no admite fallos: conseguir las mejores nécoras frescas Sanxenxo para la cena familiar. Sabe que no puede esperar al último día; los precios se disparan y la calidad escasea. Su objetivo no es cualquier marisco, sino la auténtica nécora da ría, oscura, pesada y con sabor a mar.
Ignora las grandes superficies y se dirige a las pescaderías de confianza, aquellas que se nutren directamente de la lonja local. El aire huele a salitre y a mar frío. Al entrar, el vapor empaña sus gafas. El escenario es un espectáculo de abundancia controlada: montañas de almejas, percebes y centollas que esperan su destino festivo. Pero sus ojos van directos a los viveros.
Allí están. Agitándose lentamente, con sus caparazones aterciopelados y sus ojos brillantes. El comprador no tiene prisa. Observa, compara y pregunta a la pescadera. «¿Son de aquí, de la ría?», inquiere, aunque ya sabe la respuesta. La confianza es clave en este ritual.
Señala las piezas que quiere. No busca las más grandes, sino las más pesadas, las que prometen estar llenas. Prefiere las hembras, buscando las fameleiras cargadas de coral. La pescadera las saca con destreza, las pesa y las envuelve en papel de estraza humedecido. El sonido de las pinzas golpeando el mostrador es la banda sonora de la tradición.
Al salir de la tienda, el comprador aprieta la bolsa. El precio ha sido elevado, como cada Navidad, pero es un desembolso que se hace con gusto. Es la inversión en el sabor que dará comienzo a la cena. Mientras camina de regreso, imagina las nécoras ya cocidas, de un rojo intenso, esperando en la fuente sobre la mesa. Ha cumplido. La esencia del mar de Sanxenxo presidirá su Nochebuena.